El turismo: cuestión de sensibilidad

Ricard Santomà, director de TSI-Turismo Sant Ignasi

Es de común acuerdo que la actividad turística está siendo clave para el funcionamiento de la economía ya muchos la adjetivan como la locomotora de la economía actual.

Pero esta locomotora tiene lo que en economía se conoce como demanda elástica, esto es que es sensible al precio, característica que se considera fundamental a la hora de establecer las políticas económicas. Si uno contempla el escaparate de una agencia de viajes, lo que ve no son bonitas fotos de destinos turísticos, sino una buena cantidad de ofertas y gangas para atraer a una demanda que es muy sensible al precio.

La situación es que un producto con una demanda elástica es aquel cuyas variaciones de precio son inferiores a las variaciones de cantidad demandada. Un incremento de un 5% del precio de un billete de avión provocará una disminución de la cantidad demandada superior a este porcentaje.

Ante esta situación, la teoría de la empresa indica que lo más adecuado es mantener una política de precios a la baja ya que implicarán un aumento de la cantidad consumida superior a la disminución de precios.

Cuando un Gobierno se plantea grabar una actividad, lo primero que debe hacer es estudiar la sensibilidad de la demanda al precio. Si la demanda de la actividad es sensible, no es sensato grabarla ya que este impuesto provocará  una gran disminución de la demanda y por lo tanto, una menor recaudación. Si por el contrario el producto o actividad tiene una baja sensibilidad al precio, el impuesto no provocará cambios sustanciales en la demanda y la recaudación será la esperada.

¿Qué sucederá ante la subida del IVA en la actividad turística? Al tratarse de una actividad claramente sensible al precio podemos esperar dos situaciones.

Si los empresarios turísticos repercuten la subida del IVA al consumidor final se producirá una bajada de la demanda mayor a los dos puntos de subida de precios. Este hecho provocará una disminución de los ingresos de las empresas turísticas.

Si por el contrario los empresarios no repercuten el precio, la demanda puede no resentirse pero las empresas turísticas también sufrirán una disminución de los ingresos.

Por lo tanto y sea como sea, preveo un panorama en el que las empresas turísticas tendrán dificultades para cumplir con sus objetivos financieros tanto por el lado de los ingresos como por el de los costes.

Ante esta situación intuyo dos comportamientos, uno que tiende al suicidio y que consiste en una apuesta por la disminución de costes, básicamente centrados en la disminución del personal; y otro que tiende en la huida hacia adelante, basada en la reinvención del negocio, en la búsqueda de oportunidades basadas en la innovación y yendo a buscar aquellos nichos de mercados que nunca uno se habría imaginado. Para mí, la opción está clara: renovarse o morir.

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