El turismo en España: cambio climático y flexibilidad de fronteras

José Luis Iriberri, sj. Counselor de TSI-Turismo Sant Ignasi

globoLa flexibilidad y la adaptabilidad, elementos tan importantes en la cultura postmoderna, son hoy claves del éxito para poder planificar el futuro en el sector turístico. La evolución planetaria aplica esas claves desde sus orígenes. Y es el planeta y la evolución forzada que le está imprimiendo la mano del hombre lo que nos lleva a esta reflexión sobre el clima y las fronteras.

El buen tiempo de estos días, con temperaturas inusualmente altas para la época del año y las imágenes aparecidas en los medios de comunicación de ciudadanos disfrutando del sol en la playa, me ha hecho recordar un artículo de Jaime Amador aparecido en la revista Preferente (agosto 2013) que en su momento ya me pareció digno de comentar y que se titulaba “El cambio climático puede beneficiar al turismo español”.

En el artículo se hablaba de los resultados del grupo de investigación IPCC (que hace el seguimiento del “calentamiento global”) y destaca que las alarmistas previsiones de los años ochenta parecen ser corregidas por la ciencia en este nuevo informe: los efectos negativos pueden convertir lugares actuales de éxito turístico en inhabitables en un futuro no muy lejano, como puede ser el 2030 o el 2050. Pero, y aquí hago hincapié en este punto, otros lugares van a ganar mucho, como puede ser la costa mediterránea peninsular, precisamente en otoño e invierno. Creo que podríamos ya darles la razón, viendo los temporales de nieve en USA, las inundaciones en Inglaterra y la gente en nuestras playas en febrero. Leí en un diario levantino que era perfecto que los ciudadanos pudiesen disfrutar de unos días maravillosos de su, llamaba, “Valencia tropical” en febrero.

Animado por este artículo, he descubierto el trabajo de doctorado de Álvaro Moreno, profesor de la Universidad de Maastricht, que analiza las perspectivas del turismo en un planeta en constante calentamiento (“CLIMATE CHANGE AND TOURISM, Impacts and Vulnerability in Coastal Europe, 2010). Las conclusiones, que destaca también J. Amador, son una llamada a la atención: puesto que las condiciones físicas no son estables y el turismo tampoco lo es, es importante no quedar paralizados por infraestructuras concretas en puntos determinados: vamos a tener que aprender a ser más flexibles de lo que pensamos, porque aquel lugar idílico puede no durar mucho, debido al cambio de clima.

La buena noticia es que otros lugares van a ser abordables al poseer una meteorología más agradable en el futuro que la actual: según un artículo de R. Vautard en Environmental Research Letters (destacado en El País 08/03/2014) la temperatura en invierno en Suecia y Rusia se puede elevar 6 grados sobre la actual, lo que representa un cambio muy notable y que ciertamente puede abrir puertas al turismo.

Klaus Desmet, catedrático de la Universidad Carlos III de Getafe y doctor por la Stanford University, apuntaba en otro artículo en La Vanguardia (22/02/2014) que el sur y el centro de España podrían tener problemas, pero que el buen clima que llegará a Noruega e Inglaterra hará que continúen llegando los buenos vinos a Europa, esos que nosotros ya no produciremos. Hay alumnas de TSI-Turismo Sant Ignasi haciendo sus prácticas en Noruega, en los famosos Ice Hotels – Ice Bar, construcciones hoteleras de hielo que viven gracias al intenso frío del norte (ver monográfico Viajar de La Vanguardia, 31/01/2014): parece claro que se tendrán que desplazar más hacia el Ártico para seguir con esas prácticas.

El tema es serio. Es absurdo creer que “este cambio no nos va a tocar”, porque ya tenemos suficiente información como para saber que los “desastres naturales” que se están dando no son casualidades, sino realidades que se imponen, como un bloqueo por la nieve o una inundación. Las infraestructuras no se van a mover, pero los turistas sí van a desplazarse, como lo ha hecho siempre la humanidad moviéndose de un terreno hostil a otro más confortable. Y aquí vuelvo al artículo de K. Desmet: el cambio climático va a desplazar las poblaciones, porque eso es lo que hace todo ser viviente para encontrar nuevos lugares, cuando los suyos ya no ofrecen el confort necesario. Desmet apunta un desplazamiento de unos mil kilómetros hacia el norte, lo que a los barceloneses nos sitúa en París.

Los embates de las olas que han destrozado el norte peninsular y que también se han llevado las arenas de las playas, ¿nos están despertando?. ¿Nos estamos preparando para el desplazamiento del turismo en el futuro?. ¿Qué lugar ocupan en las estrategias la protección sostenible de lo que ahora tenemos? Y sabiendo que estamos llamados al movimiento migratorio, viendo las vallas afiladas de Ceuta y Melilla que impiden el flujo libre de personas, ¿qué políticas migratorias estamos aceptando para el futuro? Hoy por ti, mañana por mí.

¿Quién no va a tener que emigrar, si siempre lo hemos hecho? Circulación, intercambio, interculturalidad, adaptabilidad y crecimiento van juntos. El turismo depende en gran medida de la facilidad de movimientos y Europa, la vieja Europa, desde los acuerdos de Schengen (1985) instaura cada vez más visados y protocolos de cierre de fronteras, movidos por un miedo a las invasiones y al mundo exterior como el experimentado en USA después de los lejanos atentados del 2001. Precisamente América, aquella tierra que había sido el nuevo paraíso de los europeos del siglo XVII y XVIII, ha estado liderando las políticas del miedo desde entonces. Hace tiempo que la Organización Mundial del Turismo reclama una mayor apertura de fronteras: ¿a quién beneficia realmente poner trabas? Es muy fácil la crítica populista de que los extranjeros no favorecen a la economía y estamos en crisis, aunque también para salir de la crisis vemos políticas de “venta de visados” o de “nacionalidades” para aquellos que tienen un estatus alto en sus países: migración selectiva y ciertamente egoísta. Estudios de finales de la década pasada de Intermon Oxfam y de otras ONGs, así como estudios sociológicos de universidades europeas demostraban que la migración era vital para el futuro de Europa. Y hoy es patente que el flujo de personas es la riqueza en nuestra ciudad, siendo el turismo el 12% del PIB de Cataluña. Bienvenidas las medidas consulares que favorecen la llegada de los rusos y los chinos, ¿verdad? Y que los problemas en Ucrania no deriven en esa suspensión de visados a los ciudadanos rusos.

Según K. Desmet, en un futuro ya muy cercano, los países del norte tendrán que optar entre aceptar más inmigración (turistas seguro, pero también los llamados “refugiados climáticos”) o participar muy activamente en políticas correctoras y paliativas del cambio climático. Y aquí es donde una gran ciudad como Barcelona, con casi 16 millones y medio de pernoctaciones hoteleras en 2013, puede aportar mucho. Los esfuerzos en ecología y sostenibilidad global que se hacen desde la administración son loables y han de mantenerse pagando el precio que sea necesario. El turismo tiene tanta o más responsabilidad que los ciudadanos locales. Los transportes son connaturales al hecho turístico y el desplazamiento de grandes grupos humanos provoca la modificación de los escenarios sociales en los que el turismo se instala.

Conocemos la huella de CO2 propia del turismo. Campañas de sensibilización en las empresas turísticas e iniciativas de divulgación del turismo responsable y sostenible, como la 7ª Conferencia de Turismo Responsable en Destinos celebrada en TSI-Turismo Sant Ignasi en el mes de octubre pasado, están ayudando a crear cultura de respeto y de esfuerzo ecológico. Que el turismo mercantilista sin escrúpulos tiene profundos efectos negativos es denunciado por todos. Pero tenemos que hacer más. Podemos estudiar, mostrar y defender los efectos positivos, constructivos y sanadores del turismo. El turismo del siglo XXI o será humanizador o será un factor importante de nuestra catástrofe. El turismo nos enseña adaptabilidad y flexibilidad a todos los niveles humanos y naturales. Podemos mostrar cómo efectivamente estamos colaborando a minimizar el cambio climático y cómo las migraciones pueden ayudar a paliarlo en una mejor distribución de las poblaciones. Turismo y sociología van de la mano.

Cada cuál ha de pensar en su aportación, pero sobretodo no hemos de olvidar que tenemos una tarea urgente: el cambio climático nos afecta a todos y sólo una actuación en la que se busque el beneficio de todos podrá asegurarnos un futuro más feliz. El turismo en España triunfará gracias al cambio climático y a la flexibilidad de fronteras, o tal vez no: lo decidimos entre todos. Confío que la próxima cita no será en Paris, aunque las previsiones hablen de ello.

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1 Response to “El turismo en España: cambio climático y flexibilidad de fronteras”


  1. 1 Jdiaz 17 de marzo de 2014 en 22:57

    Interesante. No obstante, echo en falta una referencia obligada: http://www.investigacionesturisticas.es/iuit/article/view/72
    El profesor Jorge Olcina es, sin lugar a dudas, un experto en el tema.
    Convertir el problema del cambio climático en oportunidad de cambio en el sector turístico, evitando la pérdida de competitividad de los destinos, es la clave.


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